
En la ladera del monte Trebević, en la zona de Kovačići-Debelo Brdo, al sureste de Sarajevo, el antiguo cementerio judío constituye mucho más que un lugar de enterramiento. Fundado por los judíos sefardíes entre finales del siglo XVI y comienzos del XVII, este camposanto conserva la memoria de una de las comunidades judías más importantes de los Balcanes y recuerda tanto el esplendor de la vida sefardí en Bosnia como las tragedias que la marcaron: el Holocausto y, décadas después, la guerra de Bosnia.
Su privilegiada ubicación ofrece una de las panorámicas más impresionantes de la capital bosnia. Desde este enclave, que parece situarse más cerca del cielo que del mundo terrenal, el visitante contempla una ciudad cuya historia quedó profundamente entrelazada con la de la comunidad judía que durante siglos contribuyó a su desarrollo cultural, económico y social.
Establecido originalmente por los sefardíes que llegaron al Imperio Otomano tras la expulsión de España, el cementerio pasó a acoger también a los judíos asquenazíes que se asentaron en Sarajevo durante el siglo XIX. En sus más de 31.000 metros cuadrados reposan alrededor de 3.850 tumbas, además de cuatro monumentos dedicados a las víctimas del fascismo: uno sefardí, diseñado por Jahiel Finci e inaugurado en 1952; dos levantados por la comunidad asquenazí; y otro en memoria de las víctimas de los fascistas croatas ustachas.
El camposanto se conserva en un estado relativamente bueno. La abundante vegetación, que crece prácticamente sin mantenimiento, le confiere un aspecto casi salvaje que, lejos de restarle belleza, acentúa su atmósfera melancólica y evocadora. No resulta difícil comprender por qué este lugar cautivó al escritor y premio Nobel yugoslavo Ivo Andrić, uno de sus visitantes más ilustres.
Esa serenidad quedó abruptamente interrumpida durante la guerra de Bosnia (1992-1995). La posición dominante del cementerio en las laderas del monte Trebević lo convirtió en uno de los enclaves estratégicos más disputados durante el asedio de Sarajevo. Desde allí, las fuerzas serbobosnias bombardearon la ciudad durante meses, mientras los defensores bosnios trataban de contener el avance enemigo. Muchas tumbas y lápidas conservan todavía las huellas de proyectiles, obuses y metralla, convirtiéndose también en silenciosos testigos de aquel conflicto.

Por Ricardo Angoso
Fuente: aurora-israel.co.il
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