Andrés Piña: “Me uní a una identidad que no encontré en el idioma español”

El filósofo, poeta y traductor Andrés Piña. (Instagram)
El filósofo, poeta y traductor Andrés Piña. (Instagram)

 

Adoptar el ladino llevó al poeta a explorar su identidad y cuestionar las fronteras culturales. Hoy, el autor de ‘Pequeño diccionario sefardí’ defiende una literatura abierta a la diversidad, donde todas las voces y temas tienen cabida.

El poeta mexicano Andrés Piña cuenta en entrevista la experiencia de adoptar el ladino, una lengua en peligro de extinción que proviene del castellano del siglo XV, enriquecida con elementos del hebreo, el árabe, el griego y el turco. También reflexiona sobre la pluralidad de voces que conforma la literatura latinoamericana. Piña forma parte de la comunidad de hablantes de judeoespañol Ladinokomunita y escribe poesía en español y ladino. “Me enfrenté a cosas como que la gente pensó que se me había botado”.

Para el maestro en Filosofía Social por la Universidad La Salle, el ladino es una lengua minoritaria que le permite explorar espacios de su propia identidad que no puede encontrar en el idioma español; por ejemplo, la idea del exilio, estar fuera de sitio, ser un extranjero entre los tuyos.

El poeta comparte que dentro de la comunidad sefardí no hay un grupo específico, sino una tradición histórica. “No crecí en un contexto religioso, nunca había pertenecido a nada en mi vida. La filosofía me ayudó a despojarme de prejuicios. Me sorprendió que fueran tan abiertos. Cuando uno habla una lengua en peligro de extinción, no se puede dar el lujo de ser sectario”.

Para Piña, el obstáculo fue la percepción de los demás al adentrarse en la tradición sefardí. “Percibí esa suerte de sentimientos que sufre o vive alguien cuando es parte de una comunidad minoritaria. Si hubiera decidido estudiar otra cosa, no sé…, el idioma de los elfos, nadie habría respingado. Si me juntara los viernes con gente de orejas puntiagudas a hablar de J.R.R. Tolkien, a nadie le parecería raro. Pero a todo mundo le pareció raro que me iniciara en el ladino”.

El poeta habla sobre la apropiación cultural como una postura de integración a otra comunidad. Recuerda entonces uno de sus primeros poemas escritos en ladino. “Se lo envié a un académico que era el rabino más importante de la academia sefardí. Yo esperaba que me bateara, pero me escribió señalando que no podía decirme nada porque a un poeta no se le puede decir nada, pero que le había gustado. Tiempo después, encontré que lo compartió en sus redes sociales”.

Recuerda también los momentos en los cuales la experimentación lo ha llevado a separarse de las estructuras establecidas por la tradición sefardí. “Este año publiqué Tu boka es de la kulor del zimbul en el Periódico de Poesía de la UNAM, haikus escritos en ladino. Sé que gente de la comunidad leerá esos poemas y no les gustarán porque no hablan de su tradición. No voy a escribir un poema tradicional sefardí que tiene que ver con la familia o con un lugar en específico. Escribir en una lengua que es parte de una comunidad implica respetar la tradición… y yo a veces me separo porque la misma creación literaria te lleva a ese punto”.

El autor de Pequeño diccionario sefardí (Agua Viva, 2021) vuelve a la experiencia de pertenecer a la comunidad sefardí, que es minoritaria dentro de la comunidad judía. “El sentimiento de ser parte de una tradición que va más allá de mí ha sido muy rico. Cuando muera, va a seguir existiendo. Va a fluir, te vuelves parte de un todo que se va, un continuum”.

Para Andrés Piña, la identidad no es algo inherente, sino que se compone de múltiples factores. “Sigo sin ser religioso, sigo sin respetar ninguna de las reglas kosher, solo que ahora formo parte de la tradición”.

La misma inclinación por salirse de lo establecido reaparece, con otro signo, cuando Piña habla de su desencanto con la literatura latinoamericana, sobre todo con los poetas de la generación de los años setenta, como Roque Dalton y Juan Gelman. “Siempre fui hacia la poesía de contenido social, quería hacer la revolución a través de la poesía y eso, en el México de 2010, era una utopía. Nadie era receptivo. Cuando empecé a escribir, el sistema cultural era monolítico, se decía que política y poesía no se llevan”.

Andrés rescata el tiempo en que formó parte de una revista que ganó una beca del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes. “Muy temprano nos tocó ver lo que era la literatura y codearnos con gente mucho mayor. Si juntas la idea que tenía de la poesía con el mundo literario de los años 2000 se produce un desencanto. Si uno piensa la literatura dentro de un marco específico, no está pensando la literatura. La literatura no tiene un marco específico; es el territorio de la libertad, y si alguien quiere escribir sobre algo, por mucho que le represente un problema, si trabaja y lo vive, eventualmente va a fluir”.

Ahora Andrés Piña mira con otros ojos. Encuentra que la literatura se enriquece de la pluralidad e identifica que sus espacios son multifactoriales. “Crecí en un contexto en el que se hablaba de libros y en otro de futbol o de cine. Hoy hablamos de Peso Pluma”.

Su paso a través de la redacción deportiva en Apuntes de Rabona confirma la diversidad de intereses del escritor, quien se incomoda con la idea de escribir sin regocijo. “Llegó un momento en el que estaba harto de escribir sobre futbol, odiaba ir a la redacción. Tenía un equipo de redactores a mi cargo, odiaba tener que darles tareas, odiaba todo. Entonces dije: esto ya no está funcionando. Así que dejé de estar en la producción y busqué algo que me gustara y que tuviera que ver con el deporte. Así llegué a la minificción”.

Para el también autor de La revolución es una muchacha en bicicleta (Caravan Editorial, 2017), la literatura actual abarca todas las voces y posibilidades y en ello radica su belleza.

“Todas y todos cabemos en la literatura. Uno puede escribir sobre lo que quiera, siempre y cuando se plantee no tener un prejuicio. Ahora se exploran narrativas que tienen que ver con nuevas formas de percepción, nuevos juicios acerca de lo que es la configuración personal, social, política… La literatura mexicana no es un monolito, es una comunidad que crea todo el tiempo y de manera abierta. Puedes entrar, pertenecer y escribir y ser parte de algo que también es una tradición”.

Por Daniel Galan
Fuente: Milenio 1 Ciudad de México
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