
El espacio cumple dos décadas de historia poniendo en valor la importancia de la cultura judía en Córdoba, su impacto y aportación.
En pleno corazón de la Judería, en la calle Judíos y a escasos metros de la Sinagoga, un edificio del siglo XIV guarda un propósito muy concreto: mantener viva la memoria sefardí en Córdoba. La Casa Sefarad ha cumplido este 31 de marzo dos décadas de trayectoria con una idea de fondo que su fundador resume sin rodeos: contribuir a saldar la «deuda histórica» de la ciudad con una de las culturas que formó parte de su identidad.
La huella judía en Córdoba no es un apunte marginal, sino una parte esencial de su historia. En la etapa andalusí, la comunidad judía participó activamente en la vida intelectual y económica de la ciudad y dejó nombres de alcance universal, como Hasdai ibn Shaprut en el siglo X o Maimónides, nacido en 1135. La expulsión de 1492 cerró una etapa, pero no borró la memoria: la Judería, la Sinagoga y el legado sefardí —tradiciones, música y cultura— siguen siendo una de las claves para comprender la identidad histórica de la ciudad.
Un refugio cultural
Su presidente y fundador, Sebastián de la Obra, celebra que en estos 20 años «los cordobeses han encontrado un refugio cultural» en un espacio que, subraya, «no recibe ayudas estatales» y se mantiene «completamente independiente», también de «poderes financieros». Esa independencia, sostiene, les ha permitido sostener un proyecto con criterio propio, alejado de modas y con una programación constante que combina divulgación, memoria y cultura contemporánea.
La Casa Sefarad celebra su 20º aniversario a través de numerosas exposiciones, representaciones teatrales y todo tipo de eventos culturales desde su sede en la calle Judíos
Un itinerario por la historia de los judíos a través de seis salas temáticas
La Casa Sefarad propone hoy un itinerario por la historia y las tradiciones judías a través de seis salas temáticas. La visita se abre con la vida doméstica, con utensilios y objetos que recrean el día a día medieval. El recorrido continúa por el patio principal, eje de la casa, con arcadas tradicionales, enchinado con simbología judía y un pozo central. Una sala está dedicada a la mujer en Al-Ándalus, con retratos y paneles explicativos, y otra a los ciclos festivos, con referencias a celebraciones como el Shabat o el Hanuká. La Judería de Córdoba ocupa también un espacio propio, con planos históricos y referencias a la Sinagoga como núcleo espiritual. El recorrido se cierra con la música sefardí, con instrumentos y explicaciones sobre sus principales géneros, una forma de recordar que el legado no fue solo construcciones y textos, sino también voz, oralidad y pasión.
En cuanto a los visitantes, De la Obra estima que alrededor de 2.000 cordobeses han pasado por el espacio. Admite que es una cifra «mejorable», aunque cree que la ciudad «conoce más» la cultura sefardí y el pasado judío que hace dos décadas, si bien matiza que «Córdoba necesita tiempo aún para reconocerse en una de sus identidades». La mitad del público, explica, es español y llega desde distintos puntos del país; la otra mitad es extranjera, aunque «no necesariamente judía». En ese contexto, uno de los objetivos que se marcan es precisamente reforzar el vínculo con el público local y que el espacio no se perciba solo como una visita para quien viene de fuera.
Trabajo pendiente y retos
Una de las líneas que han reforzado en los últimos años es la educación, con trabajo directo con colegios para explicar una parte del pasado que, a su juicio, muchas veces se trata de puntillas. Sin embargo, lamenta que muchos centros cordobeses «no quieren colaborar», mientras que sí lo hacen centros de otras partes de Europa o del país. El motivo, apunta, suele ser que «tienen que pagar una entrada».
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