El incremento de peticiones es notable. No todos esos candidatos en EEUU son estadounidenses de nacimiento: muchos son latinoamericanos y «sobre todo» venezolanos

Miembros de la comunidad judía en Colombia en un acto en el cual 146 sefardíes colombianos recibieron la nacionalidad española. (EFE)
Desde que en 2015 el Gobierno español abriera la puerta a que los descendientes de sefardíes recuperaran la ciudadanía perdida hace siglos, en EEUU se han incrementado las peticiones para un viaje que comienza con un repaso a sus raíces y culmina con un «reconocimiento» histórico a sus antepasados. Hoy en Estados Unidos, la «inmensa mayoría» de los que se presentan a la prueba de conocimientos constitucionales y socioculturales de España (CCSE) del Instituto Cervantes son sefardíes que buscan adquirir la nacionalidad española, según resalta a Efe la directora académica de esta institución en Nueva York, Alicia Martínez Crespo.
La sede neoyorquina examina por diversos motivos a unos 800 candidatos al año, pero ha percibido un «aumento enorme» desde que se aprobó la Ley 12/2015, de 24 de junio, mientras que en la sede de Miami, con capacidad para examinar en torno a 600 personas al año, hay una «demanda muy alta», añade. No todos esos candidatos en EEUU son estadounidenses de nacimiento: aunque esa nacionalidad puede constar en su pasaporte, muchos son latinoamericanos y «sobre todo» venezolanos, relata la jefa de estudios, y en esos casos deben probar su destreza en el idioma español, de lo que estarían normalmente exentos.
La tendencia coincide con lo que ha visto estos últimos meses la historiadora Sara Koplik, directora de alcance comunitario de la Federación Judía de Nuevo México, que ayuda a los interesados en obtener la ciudadanía y expide certificados de origen sefardí. Junto al CCSE y, si es oportuno, el certificado de español de nivel A2 o superior, es requisito necesario para solicitar la ciudadanía española probar la condición de sefardí originario de España y tener una especial vinculación con el país.
Koplik relata que han contactado con la federación unas 1.000 personas de 50 países, especialmente México y Venezuela, una cifra «abrumadora» de cara a un proceso que implica dedicación y tiempo, ya que los solicitantes pueden tener problemas con el idioma o con el análisis de su árbol genealógico, además de un coste económico.
Fuente: elconfidencial.com
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