Por Eduardo A. Molinari-Novoa
Botánico – Universidad Nacional Agraria La Molina
En el sur de África florecen unos arbustos extraños, parientes lejanos de los eucaliptos, del género Penaea. Estas plantas recibieron este nombre de Linneo en 1753, como reconocimiento a un misterioso botánico francés del siglo XVI, Pedro (o Pierre) Pena.
Una Penaea cneorum cultivada en Zúrich © Wikimedia Commons. Fuente: Wikipedia
¿Quién fue Pedro Pena? Poco sabemos de su vida personal: nació en el pueblo de Jonques, cerca de Aix en Provenza, al sur de Francia, de una familia de la nobleza local. Su hermano mayor Andrés, fue político. El segundo, Juan, matemático y astrólogo, le hizo un horóscopo donde le recomendaba dejar la vida militar y estudiar medicina. Luego de eso, va a París a colectar plantas. Viajó por Italia (donde conoció a Matías L’Obel, quien venía de Flandes, en la actual Bélgica), Francia, Flandes y Austria a visitar jardines botánicos y a aprender de botánicos célebres: Cesalpinio, Calceolari, Bauhin. Volvió a Provenza e ingresó a la Universidad de Montpelier para estudiar medicina con Guillermo Rondelet. Los médicos dedicaban gran parte de su formación a estudiar botánica, y varios de ellos se volvían naturalistas. Participó también de la vida cultural francesa, y sabemos que visitó las primeras exhibiciones del famoso ceramista Bernard Palissy. Nada más sabemos de sus primeros años.
Saltamos de su juventud a su adultez, donde lo encontramos en 1564 en Zúrich, suiza, con Conrado Gesner. Se reencontró con su amigo L’Obel en Montpelier al año siguiente, desde donde partieron, en 1566 hacia Londres, huyendo de la persecución religiosa (L’Obel era luterano y Pena era calvinista). Ahí, en 1571, conocieron a L’Escluse, eximio botánico flamenco, y publicaron una obra fundamental de la botánica moderna: Stirpium adversaria nova o “Nuevas notas sobre plantas”. Tras la publicación del libro, Pedro vuelve a Francia y desaparece de la vida académica. Aunque no se sabe con seguridad, es muy probable que se haya vuelto el médico secreto del rey, ya que murió rico a comienzos del siglo XVII.
Hasta aquí, nada sobre su origen sefardí. Sin embargo, una pista al otro lado del océano parece indicar alguna relación con el mundo judío. Desde Virginia, Richard Halykut el Viejo, un cartógrafo anglicano, estableció una amplia red de contactos científicos en el mundo católico (Francia, el México español y la India portuguesa), quienes le informaban de sus descubrimientos. Recientes investigaciones históricas sostienen que esa red de informantes era conformada por criptojudíos. Más aún, se arguye, el apellido “Pena” es de origen sefardí (como “Peña”).
Quizá nunca sepamos con certeza si la familia Pena salió de Sefarad para asentarse en Provenza. Pero es una oportunidad para reflexionar sobre la importancia que ha tenido el pueblo de Israel en la vida intelectual de Europa, y de ver como la ciencia, aún en medio de persecuciones y odios religiosos, puede hermanar pueblos.
Para conocer más se puede leer La Botanique en France au XVIe siècle. Pierre Pena et Mathias de Lobel, por Ludovic Legré (1899). Su encuentro con Palissy se encuentra en Palissy the Potter, vol. II, por Henry Morley (1853: p. 352). El origen sefardí de su apellido fue investigado por Elizabeth Caldwell Hirschman y Donald N. Yates en su libro Jews and Muslims in British Colonial America: A Genealogical History (2012: p. 45), usando como referencia el Dicionário Sefaradi de Sobrenomes de Guilherme Faiguenboim, Paulo Valadares y Anna Rosa Campagnano (2004: p. 356).
Portada de la primera edición de Stirpium adversaria nova.
©Biblioteca digital del Real Jardín Botánico – CSIC. Fuente: Bibdigital
Por Eduardo A. Molinari-Novoa
Botánico – Universidad Nacional Agraria La Molina
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