Museo Judío David Melul: un viaje desde la Béjar medieval hasta la diáspora sefardí

La localidad salmantina de Béjar fue una de las muchas ciudades castellanas que contó con una comunidad judía activa durante la Edad Media.

Durante siglos, los judíos formaron parte de la vida económica y social de la ciudad, hasta que la expulsión de 1492 puso fin de forma abrupta a su presencia visible.

Y parte de esa historia, y de lo que ocurrió después, se conserva hoy en el Museo Judío David Melul.

Además, para mí, uno de los aspectos más interesantes del museo es su enfoque local. Lejos de ofrecer un relato genérico sobre los judíos en España, utiliza el caso de Béjar para ayudarnos a comprender cómo la historia afectó a la ciudad y a sus habitantes.

Es genial, porque así podemos entender mejor las dimensiones de la historia judía y sefardí, más allá de datos y fechas. ¡No se hace para nada aburrido!

Una visita breve, bien estructurada y muy útil para completar la info que tengas de la ciudad.

Béjar y su pasado judío

Yo sé que tú has venido aquí a leer acerca del museo, pero primero vamos con un poquito de contexto histórico, ¿te parece?

El testimonio más antiguo conocido de la presencia judía en Béjar es una inscripción en una lápida de granito, datada entre la segunda mitad del siglo XII y la primera del XIII.

A ella se suman otros documentos conservados en archivos que permiten reconstruir, aunque de forma bastante limitada, la evolución de esta comunidad en la ciudad salmantina.

Un dato curioso, que suele salir en la conversación al hablar de la judería bejarana, es el significado del nombre de la ciudad en hebreoBehar o Bejar puede traducirse como «en la montaña», lo que conecta sin ninguna duda el nombre con su emplazamiento geográfico.

¡Si es que está en medio de la montaña!

finales del siglo XIII la comunidad judía de Béjar ya estaba suficientemente organizada como para aparecer en el llamado Padrón de Huete, elaborado durante el reinado de Sancho IV para el reparto de los impuestos reales entre las juderías y aljamas de Castilla.

En este documento, la judería de Béjar figura como la única del obispado de Plasencia, con una contribución modesta de 3.430 maravedís (aunque aumentaría más tarde, a medida que crecía la población judía en la villa y en las aldeas de su entorno).

Pero la comunidad judía no se limitaba únicamente al núcleo urbano de Béjar, sino que se extendía por las aldeas de su jurisdicción, dentro de lo que se conocía como la Comunidad de Villa y Tierra, que más tarde pasaría a formar parte del ducado de Béjar de los Zúñiga.

Como sugiere esta copla medieval…

En Hervás, judíos los más.
En Aldeanueva, la judería entera.
En Baños, judíos y tacaños.
En Béjar, hasta las tejas.

… ¡había muchos judíos en Béjar!

Un momento clave en el crecimiento de la comunidad judía de Béjar fue el final del siglo XIV. Las persecuciones y los episodios de violencia antijudía de 1391 en diversas localidades del sur de la Península provocaron un desplazamiento de población judía hacia la Meseta.

Este éxodo contribuyó al aumento de las comunidades hebreas en lugares como Béjar y Hervás (en Cáceres, Extremadura).

La llegada de nuevos habitantes judíos y su asentamiento en una zona distinta de la villa podría estar en el origen de lo que todavía hoy se conoce como el Barrio Nuevo, donde diversos documentos posteriores de compraventa señalan la presencia de población hebrea.

¿Pero dónde vivían exactamente en Béjar? Al principio repartidos en los distintos barrios y, en muchos casos, conviviendo con población cristiana.

Sin embargo, con el paso del tiempo y como ocurrió en muchas otras ciudades castellanas, estas comunidades tendieron a agruparse en áreas donde la mayoría de los vecinos eran judíos.

Esto, de alguna manera, facilitaba el acceso a los espacios vinculados a su vida religiosa, como las sinagogas, los baños rituales (mikvé) o las escuelas talmúdicas (yeshivá) — donde se estudia la Torá y el Talmud, el texto principal del judaísmo rabínico — para los niños.

Pero ya sabemos cómo acaba la historia para ellos. ¡No muy bien!

El 31 de marzo de 1492 comenzó el abandono de la villa por parte de los judíos de Béjar, tras el decreto de expulsión promulgado por los Reyes Católicos.

La orden no admitía la permanencia de la comunidad hebrea en los reinos, salvo mediante la conversión al cristianismo. Con esto se cerró oficialmente una etapa fundamental de la historia de la ciudad (y de España).

¡Y esto es justo lo que te van a contar en el museo!

Origen y misión del museo

El objetivo de este museo es claro: recuperar y difundir la memoria de la comunidad judía de Béjar, integrándola en la historia general de la ciudad y del territorio.

¿Y cómo? Pues explicando un pasado que durante siglos quedó olvidado tras la expulsión de 1492 y que solo se ha conservado de forma muy limitada en documentos, estudios históricos y algunas tradiciones.

De hecho — y esto es algo que a mí me encanta –, el museo pone el acento en la dimensión humana de la historia. Más allá de fechas y acontecimientos (muy importantes, ojo), el recorrido se centra en la vida cotidiana, las tradiciones, la organización comunitaria y las consecuencias reales que tuvo la expulsión para las familias judías.

Desde esta perspectiva, el caso de Béjar se presenta como algo muy concreto, pero ayuda a entender un proceso histórico más amplio, común a muchas otras ciudades de la Península.

Además de su función expositiva, el Museo Judío David Melul también se concibe como un espacio de memoria y reflexión.

Así que, como no podía ser de otro modo, otro de sus objetivos es contribuir al conocimiento del legado sefardí y a la valoración del patrimonio cultural judío como parte inseparable de la historia de España.

¡Y es que es muy poco conocida! ¿Cuánto sabes tú de ella?

Qué ver en el museo

El museo está en una preciosísima casa solariega de la segunda mitad del siglo XV junto a la Iglesia de Santa María de la Mayor y cuenta con tres plantas en total, todas ellas diferentes.

Antes de entrar, fíjate en dos detalles (uno más visible y otro que pasa más desapercibido): el monolito con el nombre y el logotipo del museo — que recuerda la figura de David Melul, el ingeniero y empresario judío creador y mecenas de este espacio –; y, en la jamba de la puerta, una mezuza procedente de Jerusalén, con textos del Deuteronomio en hebreo.

¡Comenzamos bien!

Una vez en el interior, el vestíbulo te sitúa en la Edad Media gracias a un mapa mural que muestra los asentamientos judíos en Castilla y León, distinguiendo entre juderías y aljamas.

La primera sala aborda la historia de los judíos en la Península Ibérica y, de forma específica, la presencia judía en Béjar. Aquí es importante menciona la réplica de la lápica hebrea de Doña Fadueña — la original está en el Museo Sefardí de Toledo — y los facsímiles del Fuero de Béjar y el Padrón de Huete.

Por supuesto, no te pierdas nada de lo que hay en las vitrinas: un Libro del Éxodo del siglo XVIII, monedas con la estrella de David, una ánfora de plata decorada con una menorá (candelabro de siete brazos)…

La segunda planta se centra en la religión judía, su calendario y sus festividades.

Aquí verás cómo era la indumentaria ritual, como el talit (un manto) y la kipá (mítico casquete redondo para cubrir la coronilla), y encontrarás mucho objetos de culto y celebración, entre ellos varios ejemplares de menorá y janukiot (candelabro de nueve brazos) y dos rollos del Sefer Torá, un rollo manuscrito sagrado que contiene los libros de Génesis, Éxodo, Levítico, Números y Deuteronomio.

En esta misma sala se introducen los momentos finales de la presencia judía en Béjar, con documentos de venta de bienes o el facsímil del Edicto de Expulsión de 1492, y un espacio dedicado a los conversos y a la Inquisición.

La tercera y última planta está dedicada a los destinos del exilio sefardí.

Un juego de espejos recrea la última imagen de Béjar que pudieron tener quienes partieron en 1492, camino de Portugal por el puente de San Albín. Mapas detallan la diáspora en Europa, el norte de África y América, acompañados de música sefardí de fondo.

Aunque este no es el detalle con mayor valor, sí es el de los más impresionantes: un arcón con llaves que simboliza las casas abandonadas.

La visita concluye en la Sala de los Béjar, dedicada a los judíos y descendientes que conservaron el nombre de la villa en sus apellidos, siendo Béjar o Bejarano los más comunes.

Información práctica

Después de leer acerca de siglos de historia, nombres propios, exilios y retornos, ha llegado el momento: descubrir cómo encajar la visita al Museo Judío David Melul en tu paso por Béjar.

La buena noticia es que se trata de un museo súper bien ubicado y con un horario que permite combinarlo fácilmente con un paseo por el casco histórico y otras visitas dentro del municipio.

¡Aquí tienes todo lo que necesitas saber antes de ir!

¿Cómo llegar?

Como ya te he dicho antes, el museo se encuentra en pleno casco histórico de Béjar, en la calle Curas número 28, dentro del entorno monumental formado por la iglesia de Santa María la Mayor y muy cerca de lo que fue el palacio de los Duques de Béjar.

Llegar a pie es, sin duda, la mejor opción si ya estás en la ciudad.

Si vas a Béjar en coche, te recomiendo aparcar en alguna de las zonas habilitadas en las inmediaciones del centro y continuar a pie. ¡Aparcar al lado no es una opción!

Horarios y tarifas

El museo abre de miércoles a sábado de 10:00 a 14:00 y de 16:00 a 19:00. Los domingos solo abre de mañana, de 10:00 a 14:00. Lunes y martes permanece cerrado.

En cuanto a las tarifas, la entrada general cuesta 1,50 €, mientras que las personas mayores de 65 años pagan 1 € y los menores de 13 años entran gratis. ¡»Regalao»!

¡Eso sí! Lleva el dinero en efectivo — este comentario que te sirva para cualquier otro lugar del municipio — porque no cuentan con datáfono.

Si después de todo esto, sigues empeñado en no querer pagar entrada, has de saber que es gratis todos los miércoles. Pero no seas «agarrao», anda.

Y ahora dime, ¿sabías algo sobre la historia judía en la Península? Cuéntame el dato más curioso que conozcas en los comentarios. ¡O dime si crees que vale la pena conocerla! Te leo encantada.

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