MAESTROS MARROQUIES ESTRATEGIA EDUCATIVA E INTEGRACION 1892 – 1920 Parte 3/3

PARTE 3

III – LOS CONFLICTOS CON LAS AUTORIDADES ARGENTINAS

Cuando la JCA inició su obra colonizadora en la Argentina, la enseñanza primaria en las colonias era, como se vio, una necesidad imperiosa para los hijos de los primeros colonos y un recurso para lograr su integración al país. Se empeñó por ello en procurar que se realizara allí el aprendizaje del idioma y demás materias que imponía el reglamento de la enseñanza mínima común .

A mediados de la década de 1910, la JCA había fundado 78 instituciones educativas en las que se impartía a los niños la enseñanza primaria de acuerdo con el programa de las escuelas fiscales del país. Su propósito, al crear esta red de escuelas, fue la de formar a la nueva generación dentro de la tradición judía pero, también como auténticos colonos arraigados a la tierra. “Ese ideal pedagógico aparecía a sus ojos como coincidente con la naturaleza de la República Argentina tal como ellos la concebían: un país de libertad cuyas bases tenían cabida para la emancipación y la igualdad de los judíos. De ahí la sorpresa de la JCA al comprobar que su sistema educativo en las colonias era blanco de la hostilidad por parte de los argentinos “autóctonos” hacia las formas étnicas de organización de las comunidades de inmigrantes “.

En efecto, a partir de la década de 1880 y especialmente en la de 1890, la escuela en la Argentina se convirtió en un instrumento para conformar la nacionalidad, a la par que predominó el afán por integrar a los inmigrantes al país . Por ello, cuando comenzaron a llegar masivamente a la Argentina colonos judíos de Europa Central y Oriental que se asentarían en la capital y en numerosas colonias del interior del país, especialmente en Santa Fe y Entre Ríos, se puso rápidamente en evidencia la preocupación de las autoridades nacionales ante «la índole de la nueva inmigración, su peculiares características, los intereses del país y las exigencias de la opinión que se mostró muy reservada y aún alarmada ante la incorporación de esa gente de hábitos, ideas y religión distintas a la nuestra» .

El empeño puesto por el Estado en la formación de la nacionalidad se manifestó en su preocupación por la enseñanza de determinados contenidos nacionales, entre ellos el idioma, al cual consideraban decisivo. Se temía que estos inmigrantes que no hablaban castellano -sino una lengua extraña- obstacularizaría la integración de los extranjeros al país. Este temor aparece explicitado en las Memorias del Departamento de Inmigración donde se le indicaba «al Dr. Loewenthal la premiosa necesidad de que se pusieran en práctica los más eficaces medios para que los inmigrantes israelitas alcanzaran pronto el conocimiento del idioma nacional, se instruyeran en los principios de nuestras leyes usuales y tuvieran escuela para los niños según los programas nacionales. Asintió a todo esto el Sr. representante, asegurando que, estando su plan de establecimiento basado en la ciencia, no sólo atendería a las necesidades materiales de los inmigrantes sino a las de orden moral o social, para facilitar su incorporación al país, llegando a hacerlos ciudadanos argentinos en el momento oportuno y que haría venir maestros de escuela de Armenia que hablaran el español, para que se sometieran al estudio de nuestros programas y se examinaran ante el Consejo Nacional de Educación. Dio en todo amplia seguridad de que la intención que animaba a su empresa, se inspiraba en la más ejemplar sumisión a nuestras leyes e instituciones, desde el primer momento de su ejecución» .

La JCA conocía cuál era el pensamiento del Gobierno Nacional en relación al funcionamiento de las escuelas extranjeras en el país. «Desde el punto de vista del gobierno local -opinaba- , su problema es hacer una nación de un país cuya autonomía data de ayer (…) La administración se aplica pues celosamente en asimilar a los recién llegados y a fundir a esas masas heterogéneas en un todo homogéneo. Es decir, temen por encima de todo a los movimientos particularistas y se aplican con excesivo esmero a asimilar a la juventud por (medio de) la escuela» .

Cuando los maestros marroquíes llegaron al país, también advirtieron que «lo que se exige sobre todo, en las escuelas privadas, es la buena enseñanza de la lengua del país, el idioma nacional es considerado con razón, como el mejor instrumento para obtener una pronta asimilación de los hijos de los inmigrantes. El inspector de nuestro departamento alabó el último año la buena pronunciación de Mr. Albala, pero agregó que la de todos los otros maestros de los pequeños establecimientos de la colonia, era muy defectuosa. Llamo vuestra atención sobre esto y les pido usar vuestra influencia con el fin que la elección de los maestros de español destinados a las colonias se haga con discernimiento» .

Tampoco ignoraban que la cuestión escolar debería estar encaminada «conforme (…) a los reglamentos de enseñanza del país…» . Por ello se empeñaron en destacar en varias oportunidades que «seguimos estrictamente los programas oficiales del Estado» señalando que «la lengua del país, instrucción cívica, historia nacional, son las materias que particularmente más nos preocupan y donde los alumnos están más adelantados» .

Además, los maestros se preocuparon por cumplir con nuevas reglamentaciones vinculadas, esta vez, con una recuperación de los festejos de las fiestas patrias, con un re-conocimiento de los próceres y con el uso sistemático de símbolos patrios, como el Himno Nacional, la Bandera y el Escudo . En julio de 1899 el prof. Bitbol relata que: «En ocasión de la fiesta nacional del 9 de julio, ese día no hemos trabajado. Sin embargo pedí a los alumnos que vengan mejor vestidos que de costumbre. Los reuní en el patio de la escuela, y los dispuse formando un cuadro muy alegre de ver. Les hice entonar en coro el Himno Nacional Argentino, un canto hebraico y algunos otros cantos escolares extraídos del libro «Cantos Escolares» que Uds. me enviaron» . Pocos años después se advierte a los directores: “Señores, el inspector me aconsejó (…) enarbolar la bandera argentina sobre nuestro establecimiento escolar que recibe 75 israelitas argentinos. Autorícenme a confeccionar una” . Todavía en 1909, el Prof. Bitbol continuó demostrando preocupación por el cumplimiento de las reglamentaciones estatales y comunica que “he recibido los dos retratos de los grandes hombres argentinos, así como el Escudo Nacional para la escuela de Lucienville II”

A su vez, el rápido avance en la construcción de escuelas públicas, hizo que se fueran compartiendo espacios en regiones donde antes sólo estaban asentadas las escuelas de la JCA diversificando así, la oferta en el campo educativo. Este hecho fue advertido por el Prof. Bitbol, quien notificó que «nuestra escuela David Cazés está siempre concurrida a pesar de la reciente organización de la escuela pública de Basavilbaso» .

También, el Estado había organizado un cuerpo de inspectores nacionales y técnicos, destinados a controlar eficientemente las actividades educativas de los grupos extranjeros. Sin embargo, la relación que el cuerpo de inspectores mantuvo con estas escuelas fue conflictiva. Desde su instalación, las escuelas de las colonias fueron asiduamente visitadas por supervisores, inspectores y delegados del gobierno, quienes ejercieron un estricto control sobre ellas .

La JCA, conciente de la desconfianza con que el Gobierno Nacional observaba el funcionamiento de las escuelas extranjeras, solicitó con frecuencia y en forma reiterada a sus maestros en las colonias, el cumplimiento de las disposiciones oficiales. Destacaba que era «indispensable en primer lugar que los gobiernos, tanto el de Buenos Aires (Consejo Nacional de Educación) como los de las provincias fueran informados exactamente sobre la obra emprendida y sobre (cual era) el fin que se perseguía; que tomaran conocimiento de los programas y de lo hecho(…) en fin, que quedase bien establecido que no tenemos la intención de privarlos de la enseñanza laica y que sólo queremos dar a los niños instrucción moral y religiosa fuera de las horas en que ellos reciben las clases de enseñanza general» .

El grado de exigencia de estas inspecciones podría deducirse de una reflexión del Prof. Sabah para quien «es necesario pensar también que aquí los inspectores del gobierno son muy severos, más exigentes todavía en sus recorridas por las escuelas particulares, sujetas a las leyes escolares que promulgan las provincias federales» . Aparentemente, estas inspecciones fueron frecuentes y reiteradas, pues “hace 15 días el inspector de las escuelas de nuestro departamento (Villaguay) Mr. Pando, visitó la escuela acompañado del jefe político Mr. García. (…) me comprometió a dar a la escuela la organización de las escuelas municipales. Los visitantes, que examinaron a los alumnos en lectura, ortografía, elementos de historia y geografía, lengua y cálculo, partieron encantados de los progresos realizados por los niños en tan poco tiempo(….)Algunos días antes, la escuela también recibió la visita del director de la escuela municipal de Villaguay, Mr. Millan.(…)pasó en la escuela desde las 9 hasta el mediodía. Estaba encantado de oír de nuestros pequeños rusos, hablar, leer y escribir en su lengua» .

La inquietud de la JCA por las repetidas inspecciones a sus escuelas se puso en evidencia en la correspondencia enviada a los maestros. Fue tal vez por esa preocupación que les sugirió que «cuando Ud. tenga la ocasión (…) podría procurar ver al Inspector del departamento de Colón (…) hacerle notar nuestros esfuerzos para cumplir con los programas promulgados por las autoridades escolares de la provincia» .

Asimismo, desde agosto de 1889 existía una disposición que establecía la prohibición de admitir en las escuelas del Consejo Nacional maestros con títulos extranjeros.

Por ese motivo, la JCA, de acuerdo con el Director General de Enseñanza de la Provincia de Entre Ríos, Manuel de Antequeda, dispuso que todos los maestros de sus escuelas rurales, especialmente las de Entre Rios, pasaran a la Escuela Normal Alberdi de Maestros Rurales, con el objeto de diplomarse en el referido instituto. El mismo Antequeda organizó también los «Cursos Temporarios» .

Sin embargo, los maestros egresados de las escuelas de la Alianza, pensaron que los aspirantes carecían de buena preparación para ingresar a estos cursos y que esta escuela era muy poco exigente para otorgar sus diplomas. Por ello, tuvieron una imagen negativa sobre las posibilidades de obtener docentes idóneos y dudaban del éxito de esta experiencia. «Tenemos a nuestro servicio (opinaban) 2 categorías de profesores. Aquellos que la AIU pone a nuestra disposición y los maestros diplomados de Alberdi que constituyen el elemento principal de donde se recluta nuestro personal. Los profesores de la AIU han recibido durante años una preparación especial en una institución apropiada (…) y no admite más que candidatos con aptitudes intelectuales ya probadas. ( …) Actualmente la mayoría de nuestros profesores,(son) los diplomados en Alberdi que contratamos en la zona (….) Estos candidatos han debido prepararse por sus propios medios antes de someterse a los exámenes requeridos. Han digerido (…) el contenido de un buen número de distintos manuales para responder a las exigencias del programa (…) La mayoría de estos diplomados (…), tienen un nivel profesional por debajo de la media. (…). Esta fácil obtención oficial de diplomas de maestros rurales se comprende porque la provincia, tiene poco personal para sus escuelas alejadas de toda ciudad» .

De manera que el personal docente de las escuelas de las colonias, se colocó dentro de la Ley de Enseñanza Común con el fin de que todos sus maestros obtuvieran títulos argentinos que los habilitasen para dictar la enseñanza laica .

Pero la intención de la JCA al crear las escuelas en sus colonias fue la de integrar al colono a la sociedad. Siempre manifestó que su campo de acción no era la educación, sino la colonización. Esta tarea y la doble enseñanza le insumió enormes gastos; la construcción en todas las colonias de 78 escuelas de enseñanza mixta, sostenidas íntegramente por la JCA , ya no justificaba su existencia con la presencia de maestros matriculados en el país. Por lo tanto, una vez logrado su propósito, la JCA comenzó a pensar en poner fin a su papel de educadora .
Los colonos entendieron la situación a pesar (de) «la dolorosa impresión que se tuvo en la colonia cuando se anunció acerca de vuestro probable abandono de las escuelas al Gobierno Provincial(…)Los colonos comprenden las justas razones que llevarán tarde o temprano a la JCA a tomar una medida tan grave» .

Es quizá por esta intención, que la empresa sigue con interés la creación de las escuelas del gobierno y pide en 1915 al prof. J. Souessia que «¿en vuestro próximo informe podría proporcionarnos información detallada sobre la escuela del Gobierno?, ¿Cuántas clases tiene?, ¿Cuántos colonos envían allí a sus hijos?. ¿Dónde reciben ellos instrucción religiosa?, etc» . Es probable también, que por los mismos motivos, en agosto de 1916 advirtieran a Souessia que «como le hemos recomendado, Ud. no debe ejercer ninguna presión sobre los padres de sus alumnos que son libres de enviar a sus hijos sea a la escuela nacional, sea a la nuestra.»

La mala relación que el cuerpo de inspectores mantuvo con la JCA tendía a empeorar. En definitiva, el problema residía en la necesidad de garantizar en cualquier tipo de escuela una orientación nacional. Ya en 1908 el informe que el Inspector Ernesto A. Bavio había presentado al presidente del Consejo Nacional de Educación, José María Ramos Mejía, originó una polémica sobre las escuelas judías. Este informe suscitó una indignada respuesta del Director Antequeda, quien les recordaba cuáles habían sido las características de estas escuelas de Entre Ríos durante la fundación de las colonias, y les señalaba los cambios que habían logrado durante esos últimos años.

Sin embargo, el conflicto desatado por Ernesto A Bavio y continuado por Juan N. Nissen , dio lugar a una campaña en contra de los métodos y sistemas de las escuelas extranjeras, especialmente las judías . Esta campaña tuvo amplio eco en la opinión pública y en la prensa, por eso resulta curioso el extenso testimonio que, sobre este tema, nos dejó el Prof. Bitbol relatando «la excelente impresión que tienen de nuestras escuelas quienes las visitan (…)autoridades de la Provincia y del país, jefes de policía, inspectores provinciales y nacionales, miembros influyentes del Consejo Nacional de Educación son todos unánimes en reconocer la influencia beneficiosa de nuestra educación y de nuestra acción tanto que, luego de una visita a la escuela que dirijo(…)el inspector nacional ha publicado en el importante diario del país «Argentina» un informe muy favorable sobre nuestra obra escolar y sobre el personal que la dirige. Este artículo (…) (ha) contribuido considerablemente a calmar la agitación en el público, desafiando a una campaña de prensa contra la JCA y nuestras escuelas que fueron tratadas de antipatrióticas y antinacionales» .

No obstante, esta campaña provocó un fuerte impacto social. Los problemas con las autoridades continuaron y, este hecho, sumado a dificultades económicas, al incremento de las escuelas públicas y, por último, a la matriculación de sus docentes en el país, decidió a la JCA a concluir definitivamente su papel de educadora. Así, en 1916 comenzó la entrega de las escuelas a las autoridades nacionales, proceso que culminó en 1920 con el traspaso total de las 78 escuelas de la JCA al Consejo Nacional de Educación.

A través del análisis de las cartas de los maestros y siguiendo las experiencias de inmigrantes llegados de muy lejanos y distintos países, de sus conflictivas relaciones con la JCA, y de su difícil labor en las escuelas de las colonias, se reconstruye la imagen de una tarea que fue fructífera. A pesar de las dificultades relacionadas con la vida privada de estos maestros, con una tarea laboral agotadora (largos años de servicio, un sueldo insuficiente, desarraigo y aislamiento) y, teniendo en cuenta los inconvenientes derivados tanto de la lentitud con que se llevó a cabo la empresa colonizadora, como de la relación conflictiva que mantuvieron con los colonos, lograron una exitosa tarea docente. Este éxito radicó, no sólo por la calidad de la enseñanza primaria que brindaron – algunas memorias así lo testimonian-, sino también porque cumplieron un importante papel socializador que facilitó la integración de los colonos al país. Algunos de sus alumnos de las colonias, con los años, se convirtieron en los nuevos maestros de estas escuelas.

Diana Epstein

1° PARTE – 17/8/2012 >>

2° PARTE – 31/8//2012 >>

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Efron, J., opus cit., p.247

Avni, H., Argentina y la historia de la inmigración judía, 1810-1950, Jerusalem-Bs.As, Magness Press y Amia, 1983, p. 275.

Bertoni, Lilia Ana, «Nacionalidad o cosmopolitismo. Las escuelas primarias y un debate sobre el futuro de la argentina de fin de siglo», IV Jornadas sobre Colectividades, CEMLA-Museo Roca-IDES, Buenos Aires, 1993, Mímeo.

Memorias del Departamento de Migración, año 1900, p.80.

Es probable que se estuviera refiriendo, en realidad, a judíos de Siria y del Líbano quienes junto a la población de la planicie armenia formaban parte del Imperio Turco.

Memorias del Departamento de Migración, año 1892, p.19 y subsiguientes. Este texto se repite en la Memoria del año 1900, cap.VI, p.81

En relación con los programas de estudio y los reglamentos de las escuelas privadas, en 1895 los directores de la JCA en Buenos Aires enviaron a la AIU «(tanto) el programa de estudios para las escuelas primarias, como la copia de los reglamentos bajo los cuales están sometidas las escuelas privadas(..).Las condiciones impuestas por la legislación (opinaban) son fáciles de cumplir, y todavía se pueden observar con cierta libertad sobre todo en las colonias. Las autoridades no son exigentes bajo esta relación y esto se explica fácilmente, pues como la educación
primaria es gratuita y obligatoria, si cierran las escuelas (cosa que no creemos) son ellos quienes deberán abrir otras escuelas con gastos del Estado”. Alianza, Correspondencia, carta de los directores de la JCA en Buenos Aires a la AIU, 1895, Archivo AIU, París.

 

Alianza, Correspondencia, Prof. Sabah, 3 de junio de 1898, Colonia Clara, Argentina I 0 2, Archivo AIU, París.
Por su parte, la JCA señalaba que «…en la enseñanza de la lengua es necesario velar sobre todo que la pronunciación sea buena, esto depende mucho de los profesores, pues los alumnos no tienen ocasión de hablar la lengua del país fuera de la escuela, con los nativos…». Alianza, Correspondencia, JCA al Prof. Moise Levy, 27 de octubre de 1915, Colonia Clara, escuela Belez, Argentina III 0 5-6, Archivo AIU, París

Alianza, Correspondencia, 1892, Prof. Haym, Archivo AIU, París

Alianza, Correspondencia, Prof. Bitbol, 15 de diciembre de 1913, Colonia Clara, escuela David Cazés, Argentina I 0 2, Archivo AIU, París.

Véase Bertoni, Lilia Ana, “Construir la Nacionalidad : Héroes, Estatuas y Fiestas Patrias, 1887-1891” en Boletín del Instituto de Historia Argentina ”Dr. E. Ravignani”, Tercera serie, n° 5, 1° semestre de 1992.
En ese sentido, Mme. Levy Coriat señalaba que “los alumnos han aprendido geografía y sus departamentos en detalle, los antecedentes de la Revolución de Mayo, y en instrucción cívica la familia, la Patria y los deberes del ciudadano”. Alianza, Correspondencia, Mme. Levy Coriat, 3 de abril de 1914, Colonia Clara, escuela Belez, Argentina III 0 5-6, Archivo AIU , París.

Alianza, Correspondencia, 1899, Prof. Bitbol, Argentina I 0 2, Archivo AIU, París.
En 1913, el maestro M. Levy indica que «hemos celebrado este año con más aparato el 25 de Mayo. En el «galpón» de la administración acondicionado para esta circunstancia, reunimos a los alumnos de 6 escuelas. Algunas niñitas y varones declamaron poesías patrióticas (…). La ceremonia terminó con el Himno Nacional cantado por los alumnos. A la salida, se distribuyeron golosinas a los niños». Alianza, Correspondencia, Prof. Levy, Colonia Clara, Argentina III 0 5-6. Archivo AIU, París.
Por su parte, la JCA felicita al Prof. Souessia por «el éxito de las fiestas escolares organizadas en ocasión de los aniversarios históricos nacionales». Alianza, Correspondencia, JCA al prof. Souessia, 11 de setiembre de 1917, Barón Hirsch, escuela Rivera, Archivo AIU., París

Alianza, Correspondencia, Prof. Bitbol, mayo de 1904, Archivo AIU, París.

Alianza, Correspondencia, Prof. Bitbol, 1909, Archivo AIU, París.

Alianza, Correspondencia, Prof. Bitbol, 15 de diciembre de 1913, escuela David Cazés, Argentina I 0 2, Archivo AIU, París

En el informe que M. Cazés envía a la JCA, aclara que el gobierno local debió «…luchar contra las resistencias de los galos y de los rusos alemanes que se mostraron siempre refractarios a la enseñanza en sus escuelas de la lengua española y de la historia argentina. Como los israelitas rusos son a menudo confundidos por los argentinos con los rusos alemanes, de allí esta atención tan especial que la administración presta a las escuelas de nuestras colonias, esas repetidas inspecciones, esas polémicas en la prensa…».
Rapport adressé aux membres du Conseil de la JCA par M.Cazés, 29 de juillet 1910, Archivo AIU, París

Rapport adressé aux membres du Conseil de la JCA par M.Cazés, 29 de julio de 1910, Archivo de la AIU, París.

 

Alianza, Correspondencia, Prof. Sabah, 3 de junio de 1898, Colonia Clara, Argentina I 0 2, Archivo AIU, París

Alianza, Correspondencia, Prof. Sabah, 15 de marzo de 1895, Colonia Clara, Argentina I 02 , Archivo AIU, París.
Otro testimonio de las frecuentes inspecciones lo encontramos en una carta donde se señalaba que «recibió la visita del inspector del departamento M.Agripino Figuerero…(quien) examinó a los alumnos de las 4 clases y admiró la rapidez con la cual nuestros escolares calculan y escriben español sin faltas de ortografía, también admiró la asiduidad a la clase…felicitó al personal de la escuela…Algunos días antes habíamos recibido al Sr. comisario de policía de Villa Mantero. Examinó los registros de clase, contó los alumnos presentes en las 4 clases y partió». Alianza Correspondencia, Prof.Bitbol, 6 de mayo de 1904, Lucienville, Archivo AIU, París

Alianza, Correspondencia, JCA al Prof. Sabah, 1898, Argentina I 0 1-2, Archivo AIU, París.

Allí, numerosos maestros en ejercicio, asistieron a esos Cursos durante 6 meses, 3 meses cada año en las vacaciones de verano. Efron, Jedida, op.cit, p.244.
Por otro lado transcribimos una carta enviada por el Dr. Antequeda al Prof. Nissim Bitbol, en noviembre de 1903 donde señala: «Tengo el agrado de adjuntarle esa resolución estableciendo cursos temporarios para los maestros no diplomados ó para aquellas personas que deseen ejercer el magisterio sin tener títulos habilitantes. Creo que la asistencia de Ud. a dichos cursos le sería doblemente provechosa y hasta casi indispensable: 1. Por los beneficios intelectuales que sacaría. 2.Porque esta Dirección General de la enseñanza, está dispuesta á no autorizar la fundación de ninguna escuela cuyo personal no sea diplomado y á sustituir á la mayor brevedad posible las escuelas particulares que no llenen este requisito, por otras que garanticen más el éxito de la enseñanza. Saluda a Ud. atte. M.P.Antequeda. Observación: Se servirá avisar á los maestros de la Esc. que Ud. dirige…». Alianza, correspondencia dirigida a N. Bitbol, 1903, Argentina I 0 1-2, Archivos AIU, París.
Encontramos, por su parte, numerosas referencias sobre maestros que fueron a obtener el diploma oficial en esta Escuela. Así «…el profesor actual…ha partido para la escuela Aberdi con el fin de seguir los cursos de vacaciones para obtener un diploma oficial…» Alianza, Correspondencia, Prof.Bitbol, 15 de diciembre de 1913, C.del Uruguay, Argentina I 02, Archivo AIU, París

Alianza, Correspondencia, Prof. Levy, 5 de diciembre de 1915, Colonia Clara, Argentina III 0 5-6, Archivo AIU, París.
El mismo Prof. posteriormente señalaba que «constatamos que la mayoría de nuestros diplomados en Alberdi tienen un defecto común: toman como una ley absoluta los principios adquiridos en los momentos pedagógicos y tienden a aplicar en la práctica esos principios al pie de la letra…El método carece del vivificante soplo vital del maestro y por lo tanto el curso queda sin vida, severo y rígido. Nos esforzamos en remediar esto y, siguiendo nuestros indicaciones, los maestros dan hoy sus clases imprimiendo su sello un poco más personal». Alianza, Correspondencia, Prof. M.Levy, 3 de diciembre de 1916, Colonia Clara, Argentina III 0 5-6, Archivo AIU, París

Efron, Jedidia, op.cit., p.244.

Sólo unos pocos años antes de la entrega de estas escuelas al Estado, los colonos debieron contribuir con 30 pesos por año para el sostenimiento de la enseñanza.

Efron, Jedidia, op.cit

Alianza, Correspondencia, 1914, M. Levy Coriat, Argentina III 0 5-6, Archivo AIU, París

Alianza, Correspondencia, Prof. Souessia, 1915, Argentina I 0 1-2, Archivo AIU, París.

Alianza, Correspondencia, Prof. Souessia, 1916, Argentina I 0 1-2, Archivo AIU, París.

En este informe, con fecha 23 de diciembre de 1908, se destaca «…la convicción de que dichos establecimientos (en las colonias judías) de enseñanza primaria deficientes desde el punto de vista pedagógico, se singularizan actualmente por la ausencia de espíritu nacional…».Nissen, Juan J.,Las escuelas extranjeras de Entre Rios y el Director General de Enseñanza Pública Don Manuel P. Antequeda, Buenos Aires, 1909, p.15.

En el 2° informe que el subinspector Nissen envía al Inspector Bavio en diciembre de 1908, opina que “las escuelas dependientes de la Jewish Colonization Association, son esencialmente extranjeras por su personal docente, por su programa de enseñanza y por los medios y tendencias con que ésta se desarrolla (…) sin resultado positivo (…) y algo más, que todas esas escuelas deben clausurarse de acuerdo con los preceptos legales y reglamentarios que rigen la materia”. Nissen, Juan J., op.cit., p.18

López, Celia Gladys, «La entrega de las escuelas de la JCA al Consejo Nacional de Educación – Informe Vilchez», Décimo Tercer Encuentro de Geohistoria Regional, Centro Cultural Ibarra Grasso – Instituto de Investigación – Concepción del Uruguay, 1993, mímeo.

Alianza, Correspondencia, Prof.Bitbol, 19 de noviembre de 1910, Colonica Lucienville, escuela Novi Buco I, Argentina IV 0 7, Archivo AIU, París.

 

 

Fuente: Publicado en ANUARIO IEHS, 12, 1997. Facultad de Ciencias Humanas, Universidad Nacional del Centro, Tandil, Argentina / Milim Cultural

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