
Estos cuatro eruditos judíos impulsaron el conocimiento científico y ejemplificaron la profunda síntesis entre la sabiduría judía y el conocimiento secular.
Las contribuciones de los astrónomos judíos durante la edad de oro del islam constituyen un capítulo fascinante y poco conocido de la historia judía. Estos sabios avanzaron la comprensión científica y encarnaron la profunda síntesis entre la sabiduría judía y el conocimiento secular.
El trabajo de estos astrónomos refleja las profundas raíces de la investigación científica en la tradición judía, haciendo eco del dictamen talmúdico: «Quien sabe calcular los ciclos y las órbitas planetarias pero no lo hace, de él dice la Escritura: ‘No miran la obra de Dios, ni consideran la obra de Sus manos’» (Shabat 75a). Este dictamen sugiere que quienes tienen la capacidad de estudiar los cielos pero no lo hacen, no aprecian la creación de Dios. Esto implica que comprender el mundo natural, y en particular la astronomía, es una forma de honrar a Dios y cumplir con nuestros deberes religiosos.
A continuación, presentamos a cuatro destacados astrónomos judíos que dejaron una huella imborrable tanto en la ciencia como en el pensamiento judío.
Mashallah ibn Athari (c. 740-815): El maestro del astrolabio
Nuestra historia comienza en Bagdad en el siglo VIII, donde Mashallah ibn Athari, un judío persa, se destacó como uno de los astrónomos más tempranos e influyentes del Califato abasí. Su nombre, que significa en árabe “Lo que Dios ha querido”, refleja la fusión cultural característica de esa era.
La pericia de Mashallah en asuntos celestes era tan reconocida que fue elegido para seleccionar la fecha propicia para fundar la ciudad de Bagdad en el año 762 EC. Esta anécdota ilustra el alto prestigio de los sabios judíos en el mundo islámico temprano, un testimonio de la tolerancia religiosa y la apertura intelectual de la época.
La contribución más significativa de Mashallah fue su trabajo sobre el astrolabio, un antiguo instrumento astronómico utilizado para medir las posiciones de los cuerpos celestes. Sus tratados sobre este complejo dispositivo fueron traducidos al latín y al hebreo, y constituyeron la base del entendimiento europeo del astrolabio durante siglos.


Abraham bar Hiya (c. 1070-1136): El hebreo innovador
En el siglo XI, encontramos a Abraham bar Hiya, también conocido por su nombre latino Savasorda. Él vivió en Barcelona durante el ocaso del dominio islámico en España, y bar Hiya ejemplificó el papel de los judíos como intermediarios culturales e intelectuales entre los mundos islámico y cristiano.
La obra cumbre de bar Hiya, Tzurat Haaretz («La forma de la Tierra»), fue el primer tratado integral de astronomía escrito en hebreo. Este texto revolucionario explicó conceptos astronómicos complejos, incluida la forma esférica de la Tierra y los ciclos de los cuerpos celestes, en una prosa hebrea accesible.
Pero el genio de bar Hiya no residía sólo en la traducción, sino también en la innovación. Él estableció conexiones novedosas entre la astronomía y la Halajá (ley judía), demostrando cómo el conocimiento científico podía enriquecer la observancia religiosa. Por ejemplo, aplicó cálculos astronómicos para determinar los tiempos precisos para las plegarias y el inicio del Shabat y las festividades, una práctica que sigue influyendo en la vida judía hasta la actualidad.
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