
El historiador y arqueólogo borjano Javier Bona es uno de los expertos aragoneses más vinculados a la investigación y divulgación de la historia y el patrimonio de la cultura judía en Aragón, especialmente en la Comarca del Moncayo. Es impulsor y presidente de varias asociaciones dedicadas a la memoria de las juderías aragonesas, como la Asociación de Amigos de la Cultura Judía de Tarazona o Tarbud Sefarad Calatayud.
Su último trabajo es una serie sonora en podcast titulada Judería Medieval de Híjar, integrada por doce episodios en torno a la media hora de duración cada uno, en inglés y castellano. La serie, que puede encontrarse en las principales plataformas de podcasting, utiliza tecnología IA y toca diferentes aspectos de la cultura, la sociedad y el día a día de las comunidades judías en Híjar, a través de la voz narradora de una de sus principales figuras, el impresor Eliezer Alantansí.
-¿Cuál es el objetivo de la serie en podcast ‘Judería Medieval de Híjar’? ¿Aporta novedades a las investigaciones anteriores o se centra en la difusión de lo que ya se conocía?
-El objetivo principal de la serie es reconstruir, preservar y dar a conocer la memoria de la comunidad judía medieval de Híjar, una aljama singular en el Reino de Aragón durante el siglo XV, destacando la coexistencia de judíos, cristianos y mudéjares, así como el impacto de la expulsión de 1492. Se trata de un acto de reparación simbólica: quiere dar nombre, voz y rostro a los expulsados, devolviendo a Híjar una parte esencial de su identidad cultural. Y también pretende fomentar el turismo cultural, el encuentro con los descendientes sefardíes y servir como recurso educativo. Su acceso es libre y gratuito desde Apple Podcasts, Spotify y IVoox y yo asumo todos los gastos de producción.
Además la serie incorpora descubrimientos recientes, como la carta de Noam Siena de 2023, que confirma detalles de la vida de Eliezer ben Abraham Alantansí, tras la expulsión, en Corfú y Constantinopla, o los hallazgos arqueológicos de 2017-2018 en la sinagoga, declarada Bien de Interés Cultural en 2018. Sin embargo, su enfoque principal es la difusión y contextualización de lo ya conocido a través de archivos históricos e investigaciones previas, como las de Asunción Blasco Martínez y Miguel Ángel Motis Dolader, a través de un formato accesible, combinando rigor académico con narrativa inmersiva para llegar a un público amplio sin sacrificar profundidad.
Finalmente es también un homenaje a mi amiga Lucia Conte y Marco, que vinieron a verme a Calatayud, y quise hacer este regalo para ella y su familia, para José Ángel Guimerà y para todo Híjar.
-No sé si además su voluntad es la de reparar parte de esa memoria. Muchos investigadores consideran maltratada la memoria hebrea en la historiografía de la península Ibérica. ¿Diría que es por desidia, desinterés o hay algo más?
-Sí, la serie también es un acto de reparación simbólica, que trata de rescatar del olvido a la comunidad expulsada en 1492, poniendo cara a quienes lo perdieron todo, y reconectando Híjar con su herencia judía. La expulsión fue un error histórico monumental, como he expresado en numerosas ocasiones, que empobreció cultural y económicamente a España, rompiendo siglos de contribuciones sefardíes a la ciencia, la filosofía y el arte.
A partir de ahí la historiografía sefardí en España ha sido maltratada durante siglos: tras 1492 la monarquía católica promovió un borrado sistemático de su rastro, persiguiendo sin descanso a los conversos y minimizando el legado que había dejado. Hasta el siglo XX predominó la desidia académica y el desinterés oficial por esa parte de nuestra historia. Afortunadamente a lo largo del siglo XX esa situación se fue corrigiendo. El mejor ejemplo del interés que existe en la actualidad es la Red de Juderías de España que agrupa a 37 ciudades españolas, recuperando la historia y la memoria de sus barrios judíos. Hemos avanzado mucho en excavaciones arqueológicas, recuperación y estudio de archivos, centros de investigación, sinagogas, y el Museo Sefardí de Toledo es una maravilla. La situación no es como antes ni mucho menos aunque persiste cierta inercia histórica, a través de cierta subrepresentación del legado sefardí en los currículos educativos y museos. Se siguen priorizando otras narrativas y se mantiene el tabú sobre nuestro pasado multicultural.
-¿En qué aspectos de la historia, la sociedad o la cultura hebreas hace especial énfasis?
-La serie cuenta con doce episodios de una duración de entre 20 y 40 minutos, más algunos complementos más breves, lo que hace un total de varias horas, en inglés y español. Lo he estructurado en una narrativa cronológica y temática. En cuanto a la historia, enfatiza la coexistencia multicultural en Híjar (judíos en su barrio, conectados con cristianos y mudéjares), el contexto de la Inquisición (desde 1478), las conversiones forzadas, los rumores de expulsión y el Edicto de 1492, culminando en el exilio sefardí hacia Portugal, Italia, norte de África y el Imperio Otomano.
En asuntos sociales se profundiza en la vida cotidiana: linajes judíos (aljama de hasta 150 habitantes, con 236 personas y 71 familias identificadas), oficios (impresores, médicos, escribas), roles familiares, el papel de las mujeres en la vida diaria y los debates comunitarios que tenían lugar sobre quedarse o exiliarse. Sobre la cultura destaco el judaísmo como pueblo del Libro: la sinagoga como corazón espiritual (con descripciones de su arquitectura, tevá, hejal, pinturas murales y oraciones diarias), la Casa del Rabino como centro intelectual (estudio de Torá, Talmud, filosofía, Cábala y poesía), y la obra importantísima de la imprenta hebrea (1485-1490), con detalles sobre el proceso de impresión, incunables (cinco libros sagrados, como el Tur Orah Hayyim) y su legado, del cual sobreviven 58 copias en algunas de las bibliotecas más importantes de todo el mundo.
-La figura de Alantansí cobra relevancia hasta el punto de convertirle en el narrador del podcast. ¿Cómo consiguió ponerse en la piel de este judío de finales del siglo XV? Es una decisión arriesgada, porque incluso todavía hay muchos datos sobre Alantansí que no conocemos.
-Para encarnar a Eliezer ben Abraham Alantansí me basé en datos históricos confirmados: nació en Huesca, huyó a Híjar tras la ejecución de su padre por la Inquisición, fue escriba, corrector de textos y médico, y fundó en esta población la primera imprenta hebrea en la Corona de Aragón, segunda en la península Ibérica. Usé fuentes como archivos, incunables y también la opinión de algunos expertos, como Offenberg o París Marqués, para recrear su voz en primera persona, imaginando lo que sentía como consecuencia de la persecución, de su amor por los libros o de la esperanza que se abría con la diáspora.
La inmersión vino de una combinación de investigación rigurosa y licencias narrativas: estudié el contexto sefardí del siglo XV, en cuanto a su lenguaje sus costumbres y su fe, y lo humanicé con reflexiones personales sobre memoria y resiliencia. Es arriesgada, sí, porque detalles como el destino exacto de su exilio, que solo se ha conocido en 2023, confirmando que estuvo en Corfú y Constantinopla, o su rol en la corte del sultán no son exhaustivos. No pueden serlo. Pero el riesgo se justifica: humaniza la historia, hace accesible lo abstracto y honra su legado, priorizando la verdad histórica sobre la especulación.
-Además del propio Alantansí y su imprenta, ¿qué otras características tuvo la judería de Híjar que la hicieran especial?
-La judería de Híjar destacó por su sinagoga (construida en 1410, una de las mejor preservadas de Europa medieval, con nave única, galería de mujeres, pinturas murales como una menorá con inscripciones hebreas, y redescubierta en 2017-2018). Era un centro espiritual con oraciones diarias y fue transformada en ermita cristiana en 1517. También fue muy destacada la Casa del Rabino adyacente, un hub intelectual con biblioteca de manuscritos donde se leía la Torá o el Talmud y se producían debates halájicos. Es un ejemplo muy característico de una judería medieval en el Teruel de la Edad Media.
También tuvo otras singularidades, como que gozó de la protección del Duque Juan Fernández de Híjar, desde 1483, permitiendo la instalación de la imprenta pese a la Inquisición. No era tan común que esto ocurriera en una comunidad pequeña pero bien conectada con Zaragoza o Calatayud. Para mí es muy emotivo imaginar a toda la comunidad judía de Híjar entrando en la iglesia cristiana para mostrar su respecto por el duque el día de su muerte. Fue un acto simbólico que debió dejar sin aliento.
-La serie sonora ‘Judería Medieval de Híjar’ forma parte, si no me equivoco, de un proyecto global que integran otras obras sobre las juderías de Calatayud o Tarazona. Tiene previsto que esta trilogía siga creciendo?
-Efectivamente, esta es la tercera entrega de una trilogía aragonesa de podcasts sobre juderías medievales: Desde Calatayud: Voces de Sefarad, narrada por Albilbilí, con capítulos sobre vida diaria y arqueología; Judería Medieval de Tarazona: Historia y Memoria, narrada por Sol de Almalí, 40 episodios sobre gastronomía, vida cotidiana y retorno a Sefarad, y esta sobre Híjar, de doce episodios. Y también incluye libros como La Judería de Calatayud: 16 voces entre la piedra y la letra y propuestas museográficas.
La trilogía está concluida en su forma actual, enfocada en el estudio de estas aljamas clave del Moncayo y Aragón, pero mi trabajo continuará en el futuro con series sobre otras juderías de Zaragoza, Huesca y Teruel. Es un proyecto vivo para divulgar el patrimonio sefardí y mostrarlo al mundo.
-En su podcast hace uso de la inteligencia artificial, una tecnología en plena eclosión pero que no está exenta de polémica, en cuanto a que puede introducir importantes sesgos o que puede constituir un sucedáneo del auténtico talento humano. ¿En qué tareas o ámbitos utiliza la IA, y por qué ha tomado la decisión de hacerlo? ¿Qué aporta la IA a su trabajo?
-Utilizo IA principalmente para generar retratos de figuras históricas como Alantansí, restaurando sus rostros basados en descripciones y datos para devolver la dignidad visual a personas olvidadas. También la aplico en el libro que he publicado sobre Inteligencia Artificial en patrimonio cultural, para análisis de archivos o reconstrucciones virtuales.
La decisión de utilizarla surge de su potencial democratizador: acelera procesos creativos sin reemplazar necesariamente el rigor humano, ya que yo lo superviso todo para evitar sesgos o estereotipadas; aporta valor en visualización porque hace tangible lo abstracto; en accesibilidad, permitiendo hacer el podcast bilingüe y en eficiencia, complementando el talento narrativo.
Admito que esta tecnología puede generar rechazo o polémica, por los sesgos en los que puede incurrir si no se calibra correctamente o si se abusa, pero en mi caso es una herramienta ética, no un sustituto de nada, que enriquece la divulgación sin comprometer la autenticidad histórica. La IA no sustituye ni puede sustituir al investigador; le da más herramientas que se deben saber usar correctamente. Por sí sola la IA comete frecuentes errores y hay que saber cómo evitarlos y corregirlos, pero no puede concluirse que sea mala o sea buena. El uso que hacemos de ella sí lo es.
-El sionismo y la legitimidad de la causa del estado de Israel contra sus vecinos árabes no atraviesa su mejor momento precisamente, por razones obvias, por otro lado. En ese sentido, ¿le parece arriesgado u osado presentar este trabajo precisamente en este momento? ¿Hasta qué punto es necesario y/o posible separar el estudio del pasado del análisis del presente?
-No lo veo arriesgado sino más bien al contrario, lo veo oportuno. Mi trabajo se centra en la historia medieval sefardí, no en la política actual, y separar el pasado de presente es esencial: el legado de Híjar, la resiliencia, el conocimiento y la diáspora, trasciende a los conflictos modernos. Difundir ese pasado precisamente ahora refuerza la necesidad que tenemos de que exista un auténtico diálogo intercultural. Nos recuerda la lección que deberíamos haber aprendido sobre las persecuciones y la coexistencia sin instrumentalizar la historia. El sionismo o el estado de Israel son debates contemporáneos; mi serie honra la memoria judía universal, promoviendo la comprensión mutua independientemente del contexto geopolítico.
-Como experto en el estudio de la historia y la cultura hebrea, probablemente tenga una opinión formada e informada sobre el conflicto entre Israel y Palestina. ¿Por dónde cree que pasa la solución, si es que existe?
-Como historiador mi perspectiva es no partidista y basada en el estudio de conflictos pasados: la solución pasa por el diálogo y la negociación, por el reconocimiento mutuo de las narrativas históricas respectivas y por una resolución negociada. Para esto se requiere voluntad política, el fin de la violencia, educación en tolerancia por todas partes y mediación internacional imparcial. La historia enseña que la intransigencia perpetúa los ciclos violentos, mientras que la empatía, el diálogo, la paz y el compromiso, como se dieron durante Edad Media en la península Ibérica, aunque frágil en muchos casos, abren caminos.
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