
En los próximos días se evocará, en Israel y en todo el mundo judío, el Día del Recuerdo del Holocausto y del Heroísmo (Yom HaShoah). La oportunidad es propicia para abordar la memorable trayectoria de Gino Bartali, con cuyo nombre me topé hace escasas semanas en el marco de un ciclo dedicado a la familia en el Holocausto, transmitido por Zoom y organizado por el Instituto Yad Vashem de Jerusalén.
Gino Bartali nació en Florencia el 18 de julio de 1914, en el seno de una humilde familia dedicada al trabajo agrícola. Comenzó a correr gracias a que su padre le encontró empleo en un taller de reparación de bicicletas. El propietario del establecimiento, satisfecho con su desempeño, le regaló una bicicleta y lo instó a entrenarse.
A partir de allí desplegó una brillante carrera: ganó dos veces el Tour de Francia (1938 y 1948) y tres veces el Giro de Italia (1936, 1937 y 1947). Además, Bartali se coronó en cuatro ocasiones como campeón nacional italiano y venció en distintas competiciones de un día, como la Milán-San Remo y el Giro de Lombardía.
Italia siempre contó con grandes ciclistas y el Giro ha sido una de las competencias más importantes de esta disciplina. Desde niño, cuando residía en Uruguay, oí hablar de otro gran ciclista italiano: Fausto Coppi. Entre ambos existió una gran rivalidad deportiva en las carreteras y, a la vez, reinó una gran amistad; atributos que solo afloran en los grandes deportistas y que configuran uno de los episodios más destacados en la historia del ciclismo mundial.
Salvó la vida de 800 judíos
Durante la Segunda Guerra Mundial surgió en Italia una red de salvamento de judíos encabezada por el rabino de Florencia, Nathan Cassuto, y el arzobispo de la ciudad, el cardenal Elia Angelo Dalla Costa. Lo que nadie imaginaba es que Bartali —a quien el fascismo italiano intentó convertir en uno de sus símbolos— transportaba, entre 1943 y 1944, documentos, pasaportes, fotografías e información pertinente para elaborar documentación falsa. Lo hacía mientras entrenaba por las carreteras de la Toscana y Umbría, destinada a judíos que se ocultaban, en primera instancia, en distintos monasterios italianos.
El esfuerzo desplegado por Bartali era enorme. Cubría casi 400 kilómetros diarios, a menudo bajo la presión de tener que retornar a su hogar antes del toque de queda. Solía ocultar los papeles en el tubo del cuadro de la bicicleta, pero su prestigio y reputación fueron decisivos para que su quehacer no despertara sospechas en las hordas fascistas. Aun así, en cierta oportunidad fue interrogado por la policía del régimen en Villa Triste, lugar donde se solía torturar frecuentemente a los detenidos. Logró persuadirlos de que no revisaran su bicicleta, bajo el argumento de que cualquier manipulación podría afectar su rendimiento técnico.
La documentación que Bartali transportaba fue fundamental para que, en una segunda etapa, se trasladara a los judíos a zonas controladas por los Aliados. Su generosidad y compromiso no tuvieron límites: incluso llegó a ocultar a perseguidos en su propia finca. Fue el caso de Giorgio Goldenberg, a quien protegió junto a sus padres y su abuelo.
Culminada la guerra y su carrera deportiva, se retiró afincándose en Florencia. Jamás hizo alarde de su memorable labor en favor de los judíos italianos y, durante décadas, persistió la imagen equívoca de haber sido el corredor del régimen. Falleció en el año 2000, a los 85 años de edad.
Solo tres años después de su fallecimiento afloró su grandeza, cuando los hijos de Giorgio Nissim encontraron un diario elaborado por su padre. En él se reseñaba el funcionamiento de la red clandestina dedicada a obtener documentación para salvar vidas. Allí se explicaron minuciosamente los viajes efectuados por Bartali, los kilómetros que recorría y su identificación con la causa. El resultado fue asombroso: 800 judíos salvaron su vida y evitaron ser enviados a campos de concentración gracias al coraje y al enorme esfuerzo físico de Gino Bartali.
Bartali estaba casado con Adriana Belli desde 1940 y tuvieron tres hijos: Andrea, Biancamaría y Luigi. Falleció en Florencia a raíz de un ataque cardíaco.
Múltiples y justificados reconocimientos
Como era de suponer, Gino Bartali se hizo acreedor a numerosos reconocimientos, muchos de los cuales fueron póstumos:
- 1986: Se le otorgó en Roma la Orden al Mérito de la República Italiana.
- 1992: Fue designado Caballero de la Gran Cruz de la República Italiana.
- 2005: Recibió (póstumamente) la Medalla de Oro al Valor Civil por su labor de salvamento durante la guerra.
- 2010: El Estado de San Marino emitió dos sellos en conmemoración del 50.º aniversario del fallecimiento de Fausto Coppi y el 10.º aniversario de la desaparición de Bartali.
- 2013: El Instituto Yad Vashem de Jerusalén le concedió el título de Justo entre las Naciones.
- Desde 2006: El Museo del Ciclismo Gino Bartali rinde tributo al corredor en su localidad natal de Ponte a Ema.
- Cine y documentales: Su historia ha sido reflejada en filmes como Los clandestinos de Asís (1985) y el documental Mi secreto italiano: los héroes olvidados (2014).
En su momento, su hijo Andrea Bartali afirmó: «Mi padre era un ferviente católico. Casi nunca nos habló de lo que hizo durante la guerra. Decía que, en la vida, esas cosas simplemente se hacen y basta».
Por el Dr. Israel Jamitovsk
Fuente: Autora Israel | 10.4.2026
eSefarad Noticias del Mundo Sefaradi