
A medida que envejecemos, las viejas historias adquieren una importancia especial. Para la tradicional cena del Séder, hay una historia que resalta la diversidad, el aprecio y la unidad: una historia única para compartir alrededor de la mesa de Pésaj.
La historia comienza hace casi 500 años, cuando valientes cristianos ayudaron a judíos del sur de Italia a celebrar la Pascua en secreto. Hoy en día, la tradición perdura con el resurgimiento del «Seder Hamishi».
Algunos historiadores creen que la obra más famosa del pintor ruso Moshe Maimon, «Marranos: Seder secreto», narra la historia del Seder Hamishi, un Seder especial de Pésaj que se celebraba no en la primera ni en la segunda noche de la festividad, sino, como su nombre indica, en la quinta noche. Cuenta la leyenda que, durante la época de la Inquisición, los judíos que habían sido obligados a convertirse al cristianismo recibieron ayuda, sorprendentemente, de sus vecinos cristianos.
Los «nuevos critianos», como se llamaba a estos recién convertidos al cristianismo, seguían despertando las sospechas de la Inquisición. Cuando llegaba la primera noche de la Pascua judía, los soldados de la Inquisición, que esperaban a que se pusiera el sol, irrumpían en las casas que antes habían sido judías para comprobar si alguno de estos antiguos judíos celebraba la Pascua en secreto.
Ante esta injusticia, algunos cristianos valientes idearon un plan para ayudar a sus vecinos judíos. Arriesgando su propia seguridad y la de sus familias, estos cristianos animaron a sus vecinos judíos a celebrar el Séder en una noche «diferente» —la quinta noche— para evitar levantar sospechas.
Se cuentan historias de familias cristianas que permitían a los judíos colarse en sus «cantinas» cristianas (habitaciones en el sótano). Al amparo de la oscuridad, estos criptojudíos primero hacían que el lugar fuera kosher y luego celebraban la Pascua judía, con sus comidas simbólicas, oraciones y bendiciones.
Con el paso de los años, el Seder de la quinta noche llegó a conocerse como el Seder Hamishi, un nombre doblemente apropiado, ya que «hamish» es la palabra en yiddish para acogedor, hogareño y amigable.
Aquí en Calabria, amigos y familiares, tanto judíos como cristianos, se reúnen anualmente para celebrar este extraordinario evento de la Pascua judía desde que se recuperó en 2004.
Cada año, el Seder Hamishi se celebra en la localidad calabresa de Lamezia Terme (antes Nicastro), cerca de Timpone, el antiguo barrio judío que aún se conserva intacto. Los asistentes al Seder recorren Timpone, situado a los pies del castillo del rey Federico II, un monarca que, reconociendo la valiosa contribución de estos judíos italianos a la economía local, les ofreció seguridad y protección.
Al igual que nuestros hermanos y hermanas asquenazíes, los sefardíes italianos reunimos los alimentos simbólicos necesarios para contar la historia del Séder; sin embargo, nuestros alimentos difieren de la comida asquenazí habitual. En lugar del tradicional hueso de cordero, la comunidad anusim elige la «bietola» (remolacha roja) para simbolizar la sangre del cordero en los dinteles de las puertas.
La lechuga romana cultivada localmente sustituye al rábano picante, y los trozos de tallo de apio sirven como «karpas», la verdura verde que se moja en vinagre en lugar de agua salada. El huevo tradicional del plato del Séder italiano tiene un color marrón intenso, ya que se asa durante horas con cáscaras de cebolla, vinagre y azafrán.
La cena del Séder comienza con un «primo piatto» de arroz al vapor con verduras, ya que en nuestra tradición sefardí mediterránea, el arroz se considera kosher para Pésaj. El cordero asado es imprescindible, junto con la «mina», una especie de lasaña en capas hecha con carne, espinacas y matzá, traída a Italia desde España por nuestros antepasados criptojudíos.
Las tradiciones de Pésaj Anusim comienzan con el encendido de la vela conmemorativa en honor a nuestros antepasados judíos que fueron arrestados, torturados y asesinados por la Inquisición. A continuación, se ofrece la bendición de la vela para Shabat y Yom Tov, cantada con una antigua melodía ladina. El plato del Séder es en realidad una «ke’arah», una bandeja tejida tipo cesta cubierta con una red de seda que hace una entrada triunfal a la mesa del Séder después de encender la vela.
Al cantarse “Ha lachma anya”, el plato de matzá se pasa de hombro a hombro entre los invitados, símbolo de la pesada carga de la esclavitud. Una lata en la cabecera de la mesa se convierte en el centro de atención para la recitación de las Diez Plagas, mientras un chorro de vino marca cada una. Cuando la lata está llena, se lleva a un rincón apartado del jardín con la advertencia: “Que nuestros enemigos se mantengan lejos de nuestra puerta”. Luego, se interpreta una animada versión de Dayenu, en la que los invitados se golpean entre sí con tallos de cebolla verde, simbolizando el sonido de los látigos con los que azotaban a los esclavos hebreos.
Para mí, que una bat anusim, o “hija de los forzados”, dirija el Seder Hamishi cada año es una de las experiencias más significativas de mi trayectoria rabínica. Al leer las antiguas bendiciones, recuerdo la historia de mi propia familia. Ahora, cada Seder Hamishi me trae consigo la constatación de que el miedo y los prejuicios casi extinguieron nuestra herencia, y esta comprensión se une a un profundo sentimiento de gratitud hacia los cristianos anónimos cuyo valor ayudó a preservar las tradiciones que hoy disfruto.
Por la rabina Barbara Aiello
Durante 10 años, la rabina Barbara Aiello fue la rabina residente del Aviva Campus for Senior Life (Sarasota, Florida). Sus columnas más populares se publican ahora en su nuevo libro, «Aging Jewishly», disponible en Amazon. La rabina Barbara vive y trabaja actualmente en Italia, donde es la rabina de la primera sinagoga reconstruccionista del país. Puede contactarla en Rabbi@RabbiBarbara.com
Fuente: ISSUU |
Traducción libre de eSefarad.com
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