LA CIBDAD DE ORO Y PEDRA

Sus cuertas despiertan el desseo de cruzarlas stando ellas siempre abiertas, porque a través de sus vanos, la curiozidad intuye algo enfechizzado.
Awera la cibdad de oro nenea su naḥsita aferroĵada en su muralla; reḥtsea de la cayentura del día en el afalagante ḥozeo de sus atuendos de oro. Hay en la cibdad vieĵa un encanto que no s’encontra en denguna otra parte del mundo; cuede ser por la sublime historia que asoma entre las cazzas de pedra, o el atmosfera de berajja que la cobiĵa.
Cuantas vezes stuve aquí y cuantas vezes me telfeí y me quedí doreando pa bushcar la salida. Ua awera voy a hazer unos simanim en mi meollera pa fetnear y no telfearme en esta tan antiua cibdad.
La cibdad vieĵa había sido despartida en cuatro hhaumas dezde zeman, pero su eparación en el hhauma musulmán, ĵudío, quistano y armenio, ampesa en el siglo diez y nueve.
La hhauma armenia es la más chiquita y anque el pueblo armenio es quistano, esta hhauma es independiente anque profese la mizma reliĝión pues la minoría armenia dezde siempre ha sido muy importante.
La hhauma quistana contiene la iglesia del Santo Sepulcro; es uno de los luwares más sagrados del quistanizmo.
La hhauma ĵudía es más pequeña que la quistana y posee el muro de las lamentaciones, el Kotel. Sus boquetitos entre las pedras staban llenos de papelitos con alguna bakasha y la bel’a de papelitos qu’escribí y deshi ahi mezmo a lo largo del tiempo.
La hhauma musulmana es la mayor y posee la Explanada de las Mezquitas o Monte del Templo, un luwar sagrado para los musulmanes y tamién lo es para los ĵudíos pues es el luwar del Templo enmuestro.
Salí sopito de unas escaleras que abashaban a la esplanada del Beit Hamikdash que me levaron por pasillos repletos de bakalas todas vinculadas. Habían bakalas aferroĵadas aquí y allá con sus cuertas bashitas y algún banquito quedaba solitario como edut de su amo. Sentí la prezencia del bakal; en la figuranza del moldeado de esos asientos; como si el cayentura del puerpo se regodeara en arabescos de nubes. Me detuve a tomar un vazo de té con hierbauena y exhalé una bocanada de tabaco y miel con aroma de la pipa y agua shisha; y me perdí en los meandros de los golores persistentes delicados y hormigueantes de la manzanilla, la canela y del awua de rozzas.
Mis penseriós encolgaban de las paredes ensartadas con plantas sembradas en las macetas de cerámica; cada una de ellas staba fermozzamente zuke’ada con rozas y azzules o patrones geométricos; era una artesanía puĵida de la sensibilidad de cada artista. El artista era mtsebets con su fino pincel filo con aguĵa; con sus meticulosos trazos de absorbentes colores, trabajar con el aroma de pintura y sus texturas. En algunos tashores encolgaban jazmín o atarsha similar a geranio, con sus flores de malva; yo ponía una planta para decorar y darle un uen golor a mi mezza en la fiesta de mimona; ese día era el último día de pesaḥ.
Mientras sareaba legue a una plaza vieĵa onde se alineaban azzeituneros, frente a mis oĵos se alevantaba una cuerta imponente jabeada allá en una caleĵa. La cuerta tenía tres arcos de fierro y cobre simétricos ricamente decorados, tenían mozaicos en desferentes tonos de azzul y oro. El manadero de awua espejeaba de ese mizmo luwar; ahí me quedé leskeada a la corriente de awua kash’eando las formas moĵadas: ahí mizmo la figuranza flotaba lentamente y me incliné para tocarla con un dedo; bordeaba su selaya ovalada sin arrugas; ahí mizmo vi cómo se fesjeaba y reaparecía al mizmo tiempo. Mis pálpados cerrados goteaban mi cansancio; el crepúsculo me sorprendió somnolienta ka’sheando los mozaicos; me shushuleaban sus melodías antiguas con la dulce voz de «aüe»
– ¡Fiĵita !, ¿onde stás ?; tabía no t’abondo el día; ua uenosta ya no quedo almaviva en la caleĵa; ez hora d’almorzar- me dizía con su voz ḥnina -.
– ¡Aquí stoy!, avo- le resollaba arriéndome y corría a ‘sconderme en el delantal de inmaculada blancura e enormes aldiqueras que sabía llenas de alconfites -.
¡Me arreía como brisa marina!; ¡Secaba mis flecos de la humedad!, me fesheaba acompañando y afalagaba mis muñecas con sus bezzos ligeros.
Yo me sentí abrumada por tanta hermozzura y por su mezmo ḥninés; el tiempo se me ha detenido en este paraje; anque stoy siempre pero yo no era ese luwar; no soy nada de ahí y soy; el luwar me esparece y sigue.
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Glosario:
- afalagante- acariciante
- aferroĵada- encerrada
- alconfites- caramelos
- aldiqueras- bolsillos
- alḥotados- depositados
- ‘atsba- umbral
- azzeituneros- olivos
- bakal- encargado de la tienda
- bakala– pequeña tienda
- Beit Hamildash- el templo
- bel’a- infinidad
- berajja- bendición
- caleĵitas- callejuelas
- cayentura- calor
- cibdad- ciudad
- codrarme- acordarme
- doreando- dando vueltas
- despartida- dividida
- edut- (heb) testimonio
- encolgaban- colgaban
- enfechizzado- mágico
- eparada- repartida
- esparece- emerge
- fetnear- darse cuenta, ser conciente
- fesjeaba- desintegraba
- figuranza- aspecto, impressión, imagen
- filo con aguĵa- expresión: en detalle
- hhaumas- barrios
- ḥninés- ternura, dulzura
- ḥozeo- confort
- jabeada- guardada
- kash’eando- mirando
- leskeada- pegada
- luwar- lugar
- manadero- fuente
- meollera- cabeza
- mtsebets- aplicado, meticuloso
- naḥsita- siesta
- nenea- duerme
- pedra- piedra
- penserios- pensamientos
- puĵida- nacida
- reḥtsean- descansan
- rosaná- año nuevo judío
- sareando- caminando
- selaya- silueta
- shushuleaban- murmuraban
- sopito- pronto
- talles y maneras- variados
- tashores- ollas, bocales
- telfearme- equivocarme
- toces y nawera- antaño
- zeman- años antiguos
- zuke’ada- decorada

Meredes Dembo Barcessat
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